Boletín 04: julio de 1993

Miércoles, 30 de Junio de 1993

EL ARCA DEL PACTO

En este boletín nos dedicaremos a estudiar el tema del Arca del Pacto. Sabemos que muchos hoy en día afirman haberla encontrado. Por ahora, no podemos dar a conocer toda la información o fotografías disponibles de este lugar, pero sí compartiremos con ustedes el significado que pensamos que tiene el Arca para nuestros días.

Ron le encargó a Jim Pinkoski que dibujara lo que (Ron) había visto en la cámara de una cueva: el Arca del Pacto. Ustedes verán el dibujo en esta edición. Notarán que este boletín está lleno de ideas y conceptos nuevos relacionados con nuestra salvación.

Casi todos los cristianos modernos están de acuerdo en que estamos cerca del tiempo del fin del mundo. En cada época, a medida que la verdad de Dios ha avanzado, muchos de sus siervos han sido llamado a terminar su obra como mártires. No hay nada que impida que esto no vuelva a suceder. Nos parece consistente con el carácter de Dios revelar antiguas verdades bajo una nueva luz, a fin de que nuestra fe pueda fortalecerse con nuestra necesidad. La necesidad de la fe nunca dejará de existir, pero pensamos que Dios está revelando evidencias y un entendimiento de la verdad acorde con las necesidades de los creyentes.

Sin embargo, queremos dejar sentado que este asunto es distinto. La importancia del trabajo arqueológico será discutida a la luz de las grandes verdades que éste está revelando. 

¿QUÉ ES EL ARCA DEL PACTO?
Antes de comenzar, debemos tener claro qué es lo que estamos estudiando.

La mención del Arca del Pacto siempre causa curiosidad. Todo el mundo pareciera estar interesado. ¿Pero sabemos qué era realmente? El secreto de este tema yace en los “tipos” y “antitipos” del sistema de sacrificios.

Todos los objetos del tabernáculo terrenal eran “figuras de las cosas celestiales”. El Arca representaba el trono de Dios. En ella, Dios manifestaba su presencia entre su pueblo.

Este trono terrenal era una “copia”, por decirlo así, del gran trono en el cielo. La inmutable ley de Dios, los Diez Mandamientos, están dentro del Arca, así como los originales están debajo del trono celestial. A un lado del Arca se colocó una copia de la ley mosaica; y en algún momento se guardó en ella la vara de Aarón y un envase con maná, aunque cuando fue llevada al templo de Salomón estos objetos ya no estaban allí (1 Reyes 8:9).

Encima del propiciatorio del Arca terrenal era donde Dios se comunicaba con Moisés. Era allí donde se encontraba una vez al año con el sumo sacerdote en el día de la expiación, cuando los pecados del pueblo que habían sido confesado a lo largo del año eran limpiados figurativamente del santuario. Su presencia allí fue continua, hasta que abandonó el templo para siempre justo antes de que el pueblo partiera hacia su cautiverio babilónico. Ezequiel vio en visión la gloria de Dios abandonando el templo (Eze. 8:6 y 11:22, 23). Mas tarde, Ezequiel recibió en visión nuevas instrucciones para el sistema de sacrificios, en las que no se hace mención del Arca (Eze. 42-44)

Todos concuerdan con el hecho de que el Arca era sagrada. Tan sagrada, que si alguien la tocaba o la miraba, caía muerto inmediatamente. Varias personas se han acercado a nosotros con teorías como que el Arca estaba cargada de electricidad, etc., y preguntándose si aún es peligroso tocarla. Discutamos este punto por un momento. Es una pregunta valida.

¿Por qué morían inmediatamente las personas que la tocaban o que la miraban? La Biblia no responde específicamente este interrogante, pero pensamos que la respuesta está allí.

El Arca es el lugar donde Dios manifestaba su presencia:

“Le dijo el Señor a Moisés: «Dile a tu hermano Aarón que no entre a cualquier hora en la parte del santuario que está detrás de la cortina, es decir, delante del propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera cuando yo aparezca en la nube por encima del propiciatorio” (Lev. 16:2).

“Yo me reuniré allí contigo en medio de los dos querubines que están sobre el arca del *pacto. Desde la parte superior del propiciatorio te daré todas las instrucciones que habrás de comunicarles a los israelitas” (Éxo. 25:22).

La presencia física de Dios estaba en el propiciatorio; y como Dios no puede mirar el pecado, significaba la destrucción instantánea para cualquier humano que entrara en contacto con el trono terrenal de Dios, con la única excepción del sumo sacerdote: “Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el sufrimiento” (Hab. 1:13).

Dios no permitiría que los hombres profanaran su trono terrenal. Este era el único objeto en la tierra que les era imposible mancillar. La tierra le pertenece temporalmente a su príncipe Satanás. Por lo tanto, a fin de poder encontrarse con su pueblo escogido, se proveyó un trono que no estaba manchado por Satanás ni por sus seguidores (ángeles u hombres).

El sistema de sacrificios fue designado para enseñarle al pueblo cómo alcanzar a Dios mediante los méritos de quien cargaría con sus culpas en el futuro. De aquél quien moriría por sus pecado una vez y para siempre. Éste representaba la obra de Cristo tanto como sacrificio, como de Sumo Sacerdote.

Grandes verdades de la redención le fueron enseñadas al pueblo mediante este servicio anual. En las ofrendas por los pecados que eran presentadas durante el años, se aceptaba un sustituto en lugar del pecador, pero la sangre de la víctima no había redimido totalmente los pecados. 

Solo había dispuesto de un medio mediante el cual los pecados eran transferidos al santuario. Mediante la ofrenda de sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba la culpa de su trasgresión y expresaba su fe en aquél quien quita el pecado del mundo. Pero no quedaba completamente liberado de la condenación de la ley. En el día de la expiación, el sumo sacerdote, habiendo tomado una ofrenda por la congregación, entraba al Lugar Santísimo con la sangre y la aspergía sobre el propiciatorio, sobre las tablas de la ley. De esta forma, la exigencia de la ley, que demanda la vida del pecador, quedaba saldadas.

Luego, en su carácter de mediador, el sacerdote tomaba los pecados sobre sí. Por lo tanto, al abandonar el santuario, el sacerdote llevaba sobre sí las culpas de Israel. En la entrada del tabernáculo, colocaba sus manos en la cabeza de un macho cabrío y confesaba sobre él “todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas”. El macho cabrío era enviado al desierto y los pecados eran considerados separados para siempre del pueblo. De esta forma era realizado el servicio como “figura y sombra de las cosas celestiales” (Heb. 8:5)

En relación al segundo compartimiento, o “Lugar Santísimo”, en donde se encontraba el Arca, tenemos que:

“En la segunda parte entra únicamente el sumo sacerdote, y sólo una vez al año, provisto siempre de sangre que ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia cometidos por el pueblo. Con esto el Espíritu Santo da a entender que, mientras siga en pie el primer tabernáculo, aún no se habrá revelado el camino que conduce al Lugar Santísimo. Esto nos ilustra hoy día que las ofrendas y los sacrificios que allí se ofrecen no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto” (Heb. 9:7-9).

El Arca no era solo una caja sagrada. Era mucho más que eso. Era el medio central (simbólicamente hablando) para la limpieza final de los pecados del pueblo en el santuario, de la misma manera en que el trono de Dios en el cielo es central en el último papel de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote. 

¿CÓMO LUCÍA REALMENTE EL ARCA DEL PACTO?

(Ver Éxo. 25:17-21 para su descripción) abajo vemos la versión de Jim Pinkoski de lo que Ron vio en la cámara de la cueva. Como podrán notar, no se ajusta a las ideas comunes de cómo luce el Arca. La figura central muestra cómo el propiciatorio descansa sobre el Arca que contiene las tablas de piedra. Los querubines y el propiciatorio son una sola pieza de oro. El círculo contiene un detalle del diseño del borde del propiciatorio. Éste tiene campanas y granadas de forma alternada, y su ancho es de dos a dos pulgadas y medio (5 a 6.3 cm.). Las tablas de piedra siguen estando dentro del Arca y el libro de la ley de Moisés continúa a su lado. 

La historia del Arca del Pacto.

Con este entendimiento básico del sistema de sacrificios, volvamos ahora al Arca, que simbolizaba la presencia de Dios en medio de su pueblo. La última referencia del paradero del Arca ocurre con el rey Josías, quien la reemplazó en el templo luego de que había sido retirada por un rey obviamente apóstata (2 Crón. 35.5). Entonces, menos de cincuenta años después—en el 586 a.C.—, los babilonios destruyeron el templo (2 Rey. 25:8, 9). Pero anteriormente, habían sacado todos los tesoros y vasos de éste y lo shabían llevado al templo de Babilonia (2 Rey. 24:13). Sin embargo, ningún existe registro de que el Arca haya sido llevada con ellos. Es aquí donde el Arca desaparece de la historia. ¿Qué sucedió con ella? La Biblia no lo dice.

Pero su desaparición ocurrió antes de la destrucción del templo y después de Josías.

Jeremías ofrece una última referencia críptica del Arca en el Antiguo Testamento, pero no nos da su ubicación:

“Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra” Jeremías 3:16. Fuera de contexto, esta profecía no puede entenderse correctamente; pero si leemos desde el versículo 12, encontraremos la súplica de Dios para que los israelitas vuelva a él. Les promete cosas maravillosas si tan solo se arrepienten de sus malos caminos. Es en medio de esta plegaria que ocurre lo de arriba. Dios estaba diciéndoles efectivamente que llegaría un momento en que ya no estarían atados al sistema de sacrificios. El verdadero cordero de Dios vendría y ya no sería necesaria el Arca. 

No hay mas referencias al Arca en la historia, excepto por un pasaje de una obra histórica judía de la que se desconoce su autoridad. Esta, sin embargo, nos narra una historia que podría bien ser una distorsión de la realidad.

“Se decía también en el escrito cómo el profeta [Jeremías], después de una revelación, mandó llevar consigo la tienda y el Arca; y cómo salió hacia el monte donde Moisés había subido para contemplar la heredad de Dios. Y cuando llegó Jeremías, encontró una estancia en forma de cueva; allí metió la tienda, el arca y el altar del incienso, y tapó la entrada.

Volvieron algunos de sus acompañantes para marcar el camino, pero no pudieron encontrarlo. En cuanto Jeremías lo supo, les reprendió diciéndoles: «Este lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a reunir a su pueblo y le sea propicio. El Señor entonces mostrará todo esto; y aparecerá la gloria del Señor y la nube, como se mostraba en tiempo de Moisés, cuando Salomón rogó que el lugar fuera solemnemente consagrado” (2 Macabeos 2: 4 – 8).

Aquí se nombra una montaña equivocada, pero el autor menciona que Jeremías, quien era el profeta de Jerusalén al momento de la desaparición del Arca. Según parece, la historia pasó de siglo en siglo, cambiando un poco a medida que se la iba contando cada generación, de acuerdo a la creencia judía de que el Mesías aún no ha venido por primera vez. Esto se comprueba claramente en el hecho de que, siendo un documento judío, el autor tiene la creencia de que “aparecerá la gloria del Señor y la nube, como se mostraba en tiempo de Moisés, cuando Salomón rogó que el lugar fuera solemnemente consagrado”. Estas son referencias a la aparición del Señor sobre el propiciatorio, pero debemos saber que cuando él aparezca, so será sobre el propiciatorio sino en las nubes.    

Satanás, no obstante, aparecerá primero de forma engañosa, haciéndose pasar por Cristo y fingiendo que éste ha venido, según se describe en Apoc. 1:7 y 1 Tes. 4:16, 17. Pablo nos advierte sobre este engaño en 2 Cor. 11:14 y 2 Tes. 2:9-11.

El Arca revelada hoy- ¿POR QUÉ?

Los judíos nunca mas volvieron a tener el Arca. Esto trae a colación nuevamente la pregunta de para qué Dios tendría que revelar nuevamente el Arca, después de tanto tiempo, especialmente después que Cristo se convirtió en el sacrificio único y eterno. La respuesta solo puede encontrarse en el estudio de los “tipos” del sistema terrenal de sacrificios.

La última acción del sumo sacerdote en el sistema de sacrificios terrenal es la última del verdadero Sumo Sacerdote en el cielo. Cristo ha estado presentando su sangre por el hombre desde su ascenso al cielo. Esto está tipificado por la labor diaria de los sacerdotes terrenales. Actualmente, el tiempo del fin de todas las cosas se acerca. Dios está llamando la atención a la obra final de su Hijo en el cielo a favor de la humanidad. Al salir del Lugar Santo en el cielo, entra en el LUGAR SANTÍSIMO, que es el mismísimo trono de Dios, en donde completará su obra por la humanidad. Esto está representado en la visión de Juan del templo abierto en el cielo, donde se ve el trono de Dios: 

“Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto, y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada”. (Apoc. 11:19).

Malaquías habló también del hecho de que justo antes de que Cristo venga por los justos, “entra al templo”, que solo puede estar en el cielo:

“De pronto vendrá a su templo el Señor a quien ustedes buscan; vendrá el mensajero del pacto, en quien ustedes se complacen.» Pero ¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién podrá mantenerse en pie cuando él aparezca?” (Mal. 3:1-2).

Finalmente, en Apocalipsis, hay otro versículo que habla de la apertura del trono de Dios. Allí, aprendemos lo que ocurre después de esto, cuando Cristo ha finalizado su acto final de expiación:

“Después de esto miré, y en el cielo se abrió el templo, el tabernáculo del testimonio. Del templo salieron los siete ángeles que llevaban las siete plagas […] Uno de los cuatro seres vivientes dio a cada uno de los siete ángeles una copa de oro llena del furor de Dios, quien vive por los siglos de los siglos. El templo se llenó del humo que procedía de la gloria y del poder de Dios, y nadie podía entrar allí hasta que se terminaran las siete plagas de los siete ángeles” (Apoc. 15:5-8).

Juan vio la conclusión del antitipo del Día de la Expiación, presagiado en el tipo terrestre. Al leer sobre el día de la expiación terrenal, podemos notar el parecido cuando lo comparamos en estos versículos:

“El templo se llenó del humo que procedía de la gloria y del poder de Dios” Apoc. 15:8

Comparado con:

“Colocará entonces el incienso sobre el fuego, en presencia del Señor, para que la nube de incienso cubra el propiciatorio que está sobre el arca del pacto. De esa manera Aarón no morirá” (Lev. 16:13)

Compárese también:

“Y nadie podía entrar allí” (Apoc. 15:8)

con:

“Nadie deberá estar en la Tienda de reunión desde el momento en que Aarón entre para hacer propiciación en el santuario hasta que salga, es decir, mientras esté haciendo propiciación por sí mismo, por su familia y por toda la asamblea de Israel” (Lev. 16:17).

La diferencia entre el servicio terrenal y la verdadera purificación celestial radica en el hecho de que el “real” solo sucede una vez, y entonces todo queda concluido. Las plagas caen sobre la tierra y Cristo regresa. No hay una segunda oportunidad; no hay tiempo de prueba para los impíos. La Biblia es clara: cuando Cristo regrese, todas las decisiones habrán sido tomadas. 

“Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose. ¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin. Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad” (Apoc. 22:11-14).

¿Podría Dios estar preparando a su pueblo con un conocimiento de la obra final del plan de salvación? ¿Podría estar llamando la atención de los hombres al Arca terrenal, a fin de que estudien y obtengan un entendimiento de lo que está sucediendo ante el gran original en el cielo?

EL ARCA DEL PACTO- El “hogar” de la ley de Dios

“Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto, y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada. (Apoc. 11:19).

En la solitaria isla de Patmos, Juan vio abrirse en visión profética el Lugar Santísimo del cielo. ¿Cuándo, en el tiempo profético, se “abre” el templo de Dios? Si leemos el versículo que le precede, veremos que esto ocurre en la visión de Juan justo antes de la segunda venida de Cristo. Allí se nos dice precisamente qué sucede en ese momento:

“Las naciones se han enfurecido; pero ha llegado tu castigo, el momento de juzgar a los muertos, y de recompensar a tus siervos los profetas, a tus santos y a los que temen tu nombre, sean grandes o pequeños, y de destruir a los que destruyen la tierra ” (Apoc. 11:18).

¿Y quién “ve” esta apertura del templo de Dios? Bien, no creo que sean los impíos, quienes ni siquiera saben que el templo de Dios está en el cielo. ¿Quiénes sí saben de la existencia de este templo en el cielo? Los verdaderos creyentes de Dios que han estudiado su palabra. Pero lo más importante, ¿por qué es “abierto” su templo (por decirlo de algún modo) en el tiempo del fin, en el “momento de juzgar a los muertos”? Esto, pensamos, es de suma importancia.
 
En Apocalipsis 14:14, Cristo se está preparando para venir a “cosechar” a los justos en su segunda venida. Justo antes de esto, un grupo de personas están presentes para verlos: los santos justos. Veamos cómo son descritos:

In Revelation 14:14, Christ is preparing to come for the “harvest”, which is when He comes for the righteous at His second Advent. And just before this, a group of people are presented to view- the righteous saints. Let’s read how they are described:

“¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!” Apoc. 14:12.

¡Ah, cuántas veces he escuchado decir, “¡Nosotros no estamos bajo la ley. Los Diez Mandamientos han sido abolidos!” Estos profesan amor por Dios, pero cuando se abren las Escrituras ante ellos, mostrando las exigencias de la ley de Dios, estas personas se rehúsan a escuchar. Ellos no comparan su doctrina “a la ley y al testimonio”. De esta forma, Dios ha cerrado la Biblia, su libro sagrado, con una definición concisa del pueblo de Dios. Éstos no son descritos como “los que no tiene por qué preocuparse por la ley, porque esta fue abolida” sino como los que “obedecen los mandamientos de Dios”

Se nos dice claramente que estos on los que guardan los mandamientos de Dios. Este tal vez sea un concepto nuevo para algunas personas, pues cada vez escuchamos a más predicadores decir que la ley de Dios ha sido abolida. Si esta idea es nueva para el lector, por favor ponga atención a lo que diremos a continuación. 

En vista de que el Arca en el cielo solo llega a observarse justo antes de que Cristo regrese, intuimos que este grupo de santos son aquellos que están “mirando” el Arca en el cielo. En el lenguaje profético, entendemos que ellos no están viendo literalmente el Arca en el cielo, sino que tienen su atención centrada en algo que está sucediendo en el Lugar Santísimo celestial. 

Creemos que Dios desea que su pueblo tenga un entendimiento completo de los acontecimientos que están ocurriendo en el cielo en cuanto a la mediación de Cristo como Sumo Sacerdote. Sabemos que es a través de sucesos en la tierra que él nos trae sus verdades y su entendimiento. En el tiempo del fin, su pueblo (los justos) saben que el fin está muy cerca. Saben que la vindicación de la ley de Dios está por suceder. Cristo mismo nos dice que su ley aún es el estándar de justicia, incluso en el tiempo del fin. 

“Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin. Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad” (Apoc. 22:13-14).

Adán fue creado perfecto. Él pudo guardar la ley y comer del árbol de la vida. Pero cuando pecó (cayó) perdió el derecho de comer del fruto; y de esa forma, nosotros heredamos de él la naturaleza pecaminosa. Cuando seamos restaurados, podremos guardar de nuevo su ley y tendremos acceso nuevamente al fruto del árbol de la vida. Cristo nos dice confiadamente que quienes comerán de este fruto y entrarán en la Nueva Jerusalén, son aquellos que guardan sus mandamientos. Satanás ha retorcido y pervertido tanto las Escrituras que hay muchos hoy que creen que no tienen que guardar la ley.  

Si ese es el caso, ¿Qué sucedió con esa ley, expuesta de forma audible por el Señor en el Sinaí, escrita en las tablas de piedra por su propio dedoy depositadas en el Arca del Pacto del santuario terrenal? Algunos usan el siguiente versículo como “evidencia” de que como creyentes, no tenemos que guardar la ley de Dios:

“Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley” (Gál. 5:18).

¿A dónde quedan entonces todas las demás citas que indican claramente lo contrario? ¡Aún están allí! Lo que Pablo dice aquí, es que si somos guiados por el Espíritu, no estamos bajo la penalidad de la ley; nuestros pecados son perdonados y el Espíritu nos guía para guardar la ley de Dios. Veamos el siguiente texto:

“La mente pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo” (Rom. 8:7).

¿Significa esto que la mente carnal tampoco está bajo la obligación de guardar la ley de Dios? Otra definición de la palabra griega “hupotasso”, traducida aquí como “somete” es “obedece”. Veamos nuevamente el versículo, utilizando la otra palabra: “La mente pecaminosa” no es obediente “a la ley”. Tampoco es posible. ¿Por qué? Porque sin Cristo, es imposible guardar la ley. ¿Para qué discutiría Pablo este asunto, si no fuera de vital importancia? Como cristianos, debemos tener un entendimiento correcto de la necesidad de la ley de Dios y entender los requerimientos de nuestra obediencia a la ley.

Si Dios hubiese cambiado algún precepto de su ley, no habría habido necesidad de que Cristo muriese. Pero la provisión hecha para la salvación de los hombres a través de la justicia imputada de Cristo no elimina la ley o minimiza sus exigencias.

La ley es el estándar de justicia. Creo que muchas personas se niegan a entender esta gran verdad porque no saben que no están guardando los mandamientos de Dios y saben que no pueden hacerlo. ¡Bien, bienvenidos al club!

¡Tienen razón! Ese es el punto. Nosotros no podemos guardar sus mandamientos, por lo menos por nuestro propio esfuerzo. La muerte de Cristo en la cruz ocurrió por una razón: Dios es misericordioso y él sabía desde un principio que nosotros no podríamos guardar su ley por nuestro propio esfuerzo. Él sabía que todos seríamos condenados a muerte si no se hacía provisión para con aquellos que le aman.   

El pacto de la gracia ocurre cuando él extiende su misericordia a la raza caída. Cristo, su único Hijo, vino al a tierra en la carne de un hombre caído, vivió sin pecado y cargó la culpa del pecado en la cruz para que su Padre pudiera aplicar ese pago a cualquiera que viniere a él a través de la sangre de su Hijo. Este es un regalo gratuito para todo el que lo pida. Los pecados de quienes vienen a él no solo están cubiertos por la justicia de Cristo, sino que ésta los reemplaza y son perdonados. Además, Cristo envió al “Consolador”, el Espíritu Santo, a guiarnos, y así poder tomar parte del Espíritu de Dios. Es mediante la obra del Espíritu Santo en nosotros podemos llegar a guardar la ley. Él sabe que ninguno de nosotros puede guardar su ley por su propia cuenta. Ninguno. Esto es sencillamente imposible.  

Alguien podría preguntar, “¿Cuál fue el propósito en todo este plan de salvación, si aún no podemos guardar la ley” Bien, podemos guardar la ley, pero no por nuestro propio esfuerzo. Cristo nos mostró cómo. ¿Recuerdan las veces que Dios se apartaba a orar solitario? ¿Recuerdan la agonía de espíritu que tenía al orar? Él era tal como nosotros cuando estuvo acá en la tierra. Sentía cada tentación que nosotros podemos sentir.

Algunos podrían decir que él no pecó porque él era Dios y por lo tanto, perfecto. Esto, sin embargo, no es lo que dice la Biblia. Ella dice que él vino en la carne, y en la carne no es Dios. En la carne significa humano. Él es Dios, pero él tomó la naturaleza humana, que incluía la naturaleza heredada de los hombres.

“Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado” (Heb. 4:15).

¿Por qué entonces Jesús tenía que orar? Como hombre, pedía la misma fortaleza y sabiduría a la que nosotros tenemos acceso: el Espíritu Santo. Esa era una de las partes del plan: Cristo vendría a la tierra como hombre y estaría sujeto a las mismas sensaciones y tentaciones que todos sufrimos. Pero él viviría una vida sin pecado a fin de poder convertirse en un sacrificio “perfecto”. Si hubiera venido a la tierra como Dios, no habría probado nada. Cualquiera diría que él pudo vivir sin pecado porque él era Dios.

Pero él no vino como Dios, aunque él era Dios. Él vino en forma de hombre, y como logró vivir sin pecado bajo las mismas circunstancias que todos nosotros, Dios le permitió traspasarnos esa capacidad.

Todos hemos pecado. Todos pecaremos de nuevo. Pero si pedimos perdón de continuo por nuestros pecados con arrepentimiento y un deseo sincero de guardar su ley, él nos perdonará y continuará rehabilitándonos. Entonces, cuando llegue nuestra hora, el Padre nos mirará y no verá nuestros pecados, pues habrán sido removidos de nuestro registro y la justicia de su Hijo nos cubrirá.  

Cristo murió por nosotros para proveer el medio por el cual podamos ser perdonados cada vez que rompemos la ley, y para darnos las herramientas divinas para guardar la ley. Todos hemos oído decir que el pecado es ‘hereditario”. Y lo es. La Biblia es clara en esto. El hombre es pecaminoso por naturaleza. Es algo que está en nuestros genes. La ciencia moderna está probando que ciertos rasgos como la agresión, son de hecho, heredados. Cristo y los apóstoles trataron muchas veces de explicarle a los hombres que su naturaleza carnal era pecaminosa:

“En los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos* Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (Efe. 2:2, 3).

La ley estaba en efecto desde el principio, y aún sigue estándolo. La paga por la trasgresión de la ley es la muerte.

Cristo no solo murió de forma vicaria por nuestra culpa. Él hizo más. Cristo proveyó el único medio por el cual podemos tomar parte de su justicia y vencer nuestra naturaleza heredada:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

Cristo es el camino. El camino que puede transitarse. La manera en que los hombres pueden participar de su justicia y de su carácter perfecto. Esto se logra mediante la fe en él y la cooperación con el Espíritu Santo, quien nos ha sido enviado. Él es la verdad. La verdad de que sí puede lograrse; pues él. como hombre, vivió de manera perfecta mediante el mismo Espíritu que él imparte sobre aquellos que lo piden. Y él es la vida. La vida que viviremos cuando caminemos con él por fe y obediencia.  

Si la ley de Dios ha sido abolida, no habría tal cosa como el pecado:

“Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley” (1 Juan 3:4).

¿Abolió Cristo la ley? Por supuesto que no. Él murió para quitar nuestros pecados:

“Pero ustedes saben que Jesucristo se manifestó para quitar nuestros pecados. Y él no tiene pecado (1 Juan 3:5).

Él murió para pagar el precio que debemos legalmente y borrar nuestras ofensas pasadas de nuestro registro. ¿Quiénes obtener este regalo de perdón? Está disponible para todos. 

“Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia” (Isa. 55:7).

Nosotros no tenemos absolutamente ningún poder sobre el pecado, excepto el poder que él nos da cuando se lo pedimos. Y entonces, debemos cooperar con el Espíritu Santo. Estamos a cargo de nuestra propia salvación en el sentido de que tenemos la opción de dejarlo trabajar a través de nosotros. Lo único que tenemos que hacer es dejarlo señalarnos el camino. 

Al hacerlo, descubriremos que estamos guardando sus mandamientos. Encontraremos nuestros corazones llenos de amor por todos aquellos por quiénes él murió. Descubriremos que estamos viviendo al vida que él vivió. Descubriremos que podemos probar la verdad de que sí puede hacerse. Nuestros pecados son perdonados y son quitados de nuestra persona. Nos es imputada su justicia. Y si pecamos de nuevo, pedimos perdón y nuevamente, mediante los méritos de la sangre de Cristo, somos perdonados.

Este es un proceso diario para todos nosotros. Es un proceso que ocurre de momento a momento. Y Satanás siempre está allí, observándonos y esperando atraparnos descuidados. Vemos a nuestro alrededor el resultado de quebrantar la ley de Dios. Si Dios abolió su ley, y esta no existe en el cielo, ¡qué recompensa terrible sería para los justos vivir para siempre en una sociedad violenta y destructiva! Vivir sin la ley de Dios, como lo hace el mundo hoy en día, es algo que nadie en su sano juicio podría desear.

¿Qué significado tiene para el presente el descubrimiento del Arca del Pacto? ¿Qué conexión tiene con lo que acabamos de discutir? El Arca fue hecha para resguardar la preciosa ley, y sobre ella, se manifestaba la presencia de Dios en el propiciatorio. La ley perfecta requería obediencia perfecta. Cualquier cosa bajo esto requería la muerte del pecador. La presencia de Dios y su ley son inseparables.

Ningún hombre puede allegarse a él y vivir, excepto a través de Cristo, quien derramó su sangre en el propiciatorio, entre Dios y su ley perfecta. La sangre de Cristo no destruyó las tablas de piedra, destruyó las cadenas que nos unían al pecado y la muerte: 

“El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia. De la tierra brotará la verdad, y desde el cielo se asomará la justicia” (Sal. 85:10, 11).

“El amor y la verdad” se encontraron en el propiciatorio. “De la tierra “ brotará la “verdad”, cuando sean reveladas el Arca y las tablas de piedra al mundo. Y mientras estamos aquí sentados, nuestra “justicia” se asoma desde el cielo, mientras nuestro Sumo Sacerdote presenta su sangre a nuestro favor ante el Padre. Cuando el mundo vea aquella Arca donde Dios manifestó su presencia, verán por ellos mismos que la ley es real y que no fue clavada a la cruz. Solo las leyes contenidas en las ordenanzas relacionadas al sistema de sacrificios fueron abolidas con la muerte de Cristo. Su santa ley permanecerá para siempre.    

LA SANGRE DE CRISTO EN EL PROPICIATORIO

El 6 de enero de 1982, Ron entró a la cámara subterránea debajo del escarpado del Calvario al norte de la muralla de Jerusalén. En ella, Ron vio el Arca del Pacto y numerosos objetos que según él son los restos de los muebles construidos en el Sinaí para el santuario terrenal bajo instrucciones explícitas de Dios. Sobre el propiciatorio, encontró lo que parecía ser sangre deshidratada. Hoy sabemos que sí es sangre y humana. Pensamos que es la mismísima sangre que Cristo derramó por nuestros pecados. 

Este era un concepto totalmente nuevo para Ron, y nunca habíamos tenido alguna referencia de él de ningún registro antiguo. Pero a medida que hemos investigado hemos descubierto—y entendido—que esta era la única forma en que podía haber ocurrido para cumplir el tipo de manera perfecta. Dios, al lidiar con la creación del hombre, nos enseña sus grandes verdades de la única manera en que podemos entenderlas: mediante tipos, símiles, ejemplos y parábolas. Cuando Cristo le predicaba a las personas les hablaba solo en parábolas:

“Jesús le dijo a la multitud todas estas cosas en parábolas. Sin emplear parábolas no les decía nada” (Mateo 13:34)

En nuestros artículos previos, hemos estudiado un poco el sistema de sacrificios, a veces llamado el servicio del santuario y entendemos que este es el tipo de la obra verdadera del verdadero Cordero del sacrificio y Sumo Sacerdote. El diseño del plan de salvación presenta a Cristo como el sacrificio perfecto en la tierra. Su ministerio en el Lugar Santo y el Lugar Santísimo celestiales, que son sus oficios oficiales como Mediador y Sumo Sacerdote, fueron asumidos después de su muerte y ascenso al cielo. Pero entre su muerte como sacrificio por el pecado y su asunción como Sumo Sacerdote en el cielo, yace el antitipo en donde todo engrana: la presentación de su sangre ante el Padre. 

Muchos creen que a fin de poder cumplir a cabalidad el tipo, su sangre debía ser presentada a su Padre en el cielo, pero eso no era posible. Cristo murió en la tierra, no en el cielo. Él estaba en el sepulcro cuando fue aceptado su sacrificio. Este debía ser aceptado antes de su resurrección. Otros creen que su sangre solo debía caer al piso para que fuera considerada “ofrecida” al Padre. Sin embargo, debemos observar cuidadosamente por el “tipo” de este “antitipo”. Dios dio instrucciones extremadamente explícitas sobre el ofrecimiento de la sangre por los sacerdotes y el sumo sacerdote. Cualquier pequeña desviación de sus instrucciones—como que el sacrificio no fuera perfecto—y el sacerdote caía muerto. Recordemos lo que le sucedió a Nadab y Abiú, los hijos de Aarón, cuando ofrecieron un fuego “profano” ante el Señor en el Sinaí.   

“Nadab y Abiú murieron en presencia del Señor cuando, en el desierto de Sinaí, le ofrecieron sacrificios con fuego profano” (Num. 3:4).

Dios requería que sus cosas sagradas se mantuviesen puras. No aceptaría una ofrenda que no era perfecta y que no cumpliera todos los requerimientos en su presentación. No podemos creer que el Padre permitiría que la sangre de su Hijo fuera ofrecida simplemente sobre el piso, en una tierra profana. De hecho, le pertenece de forma temporal a Satanás, el príncipe de este mundo. 

En vista de que todos los demás tipos cumplían de forma precisa un antitipo, la presentación de la sangre de Cristo al Padre también debía cumplirse de forma perfecta. También de consideración es el hecho de que ¿cómo iba Cristo a ofrecer su propia sangre si esta fue derramada después de su muerte? ¿La ofrecería después de resucitar y ascender al cielo? imposible, pues el sacrificio debía ser aceptado por el Padre antes de ser resucitado. La evidencia de que ésta había sido aceptada por el Padre se encuentra en las personas que resucitaron al momento de la muerte de Cristo: 

“Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu. En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos”. (Mat. 27:50-53).

Entre el momento en que Cristo murió en la cruz y su resurrección, su sangre fue presentada a su Padre y aceptada por éste. Esta no fue presentada físicamente por mano humana alguna. El plan fue organizado perfectamente desde el principio. Unos 600 años antes de la muerte de Cristo, Dios dispuso los elementos para que la representación de su trono, el Arca terrenal y el propiciatorio estuviesen escondidos en las profundidades de la tierra, justo debajo del lugar donde su Hijo moriría en la cruz. Y sobre este propiciatorio caería la sangre de Cristo. En el servicio terrenal, el sumo sacerdote ofrecía la sangre, pero Cristo, como Sumo Sacerdote, estaba muerto. Su Padre había dispuesto que incluso en su muerte, Cristo derramaría la sangre requerida sobre el propiciatorio.

Cuando Cristo murió, hubo un gran terremoto. La roca justo debajo de la cruz se partió en dos creando una grieta que se extendió hasta la cámara oculta contenedora del “trono” inmaculado de Dios en la tierra: el Arca con el propiciatorio. Después de su muerte, cuando el centurión clavó su espada en el costado de Cristo, perforando su bazo, brotaron sangre y agua. Éstos fluyeron por la grieta hasta caer sobre el propiciatorio. Cristo fue bajado de la cruz y llevado a la tumba de José. Había muerto. El sábado descansó en el sepulcro. 

Entonces, la mañana siguiente muy temprano, la misma mano invisible que ocasionó el primer terremoto causó otro cuando el sacrificio fue aceptado por el Padre. El Hijo fue llamado a vivir y a salir del sepulcro, una victoria sobre la muerte para toda la eternidad. Para probar esta victoria, muchos santos también salieron de sus tumbas al mismo tiempo, para nunca mas volver a ver la muerte. Aunque Cristo dio su vida, la decisión de aceptar el sacrificio le perteneció al Padre.

Su Padre hizo provisiones maravillosas para esta Arca. Ningún hombre podía profanarla. Solo el sumo sacerdote podía acercársele; y aun él, si no cumplía con los requerimientos divinos, caía muerto instantáneamente. Este era el único lugar en la tierra capaz de recibir la sangre de Cristo como ofrecimiento por el pecado, pues era el único objeto en este mundo que no había sido contaminado por los hombres. Dios no permitiría que ningún hombre profanara su trono terrenal, no permitiría que las tablas de la ley debajo del trono fuesen destruidas. La paga por cada pecado fue hecha justo sobre la eterna ley de Dios.

“La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono, y tus heraldos, el amor y la verdad.” (Sal. 89:14).

La justicia “perfecta” demanda la muerte del pecador. Pero la “misericordia” perfecta proveyó un sustituto para el pecador arrepentido

“El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia. De la tierra brotará la verdad, y desde el cielo se asomará la justicia.” PSA 85:10,11

La misericordia del Padre, la cual nunca se habría hecho evidente sin la existencia del pecado, se manifestó finalmente a toda la humanidad al permitir que muriera su único Hijo. La “verdad” de su ley fue cubierta por la sangre de su Hijo, y lmediante la justicia de Cristo le fue provista salvación a toda la humanidad de la condenación de esa ley.

¿UNA COPIA DEL ARCA?

De vez en cuando alguien nos pregunta sobre la historia del Arca llevada a Etiopía por el hijo de la reina de Saba después de haber hecho una réplica de la original. Aquí hay varias cosas que debemos considerar. Primero, para poder hacer una copia alguien tenía que verla, pero nadie, con la excepción del sumo sacerdote tenía acceso a ella e incluso éste solo tenía acceso a ella una vez al año. Si alguien osaba mirarla o tocarla moría inmediatamente. ¿Quién podía haberla visto para copiarla?

Pero además, ¿acaso pensamos que Dios puede ser engañado? Su presencia habitaba de manera constante sobre el propiciatorio. ¿Se apartó él acaso de manera complaciente para que el Arca pudiera ser falsificada? Sus requerimientos para evitar que el Lugar Santísimo fuera profanado eran muy exigentes. Dios dio instrucciones muy estrictas incluso sobre la vestimenta del sumo sacerdote cuando éste viniera delante de su presencia. Dios no dejaría que los hombres profanaran su trono terrenal. Debemos tener mucho cuidado, no sea que olvidemos su santidad. Nuestro Dios es santo y Todopoderoso. Nadie puede engañar a Dios con una “copia” de su trono terrenal ni él habría permitido que manos no consagradas se llevaran su trono a otro lugar. Esto sencillamente no sucedió.  

Curiosamente, esta es la misma clase de historias que se han inventado con el Arca de Noé, que los verdaderos restos son una copia hecha por Constantino o algo así. Cuando Satanás se enfrenta a la evidencia de Dios y no puede destruirla, se ve obligado a inventar mentiras para tratar de aminorar el impacto. 

EL ARCA Y LOS JUDÍOS ¿SACRIFICIOS NUEVAMENTE?

Otro asunto que nos preguntan es si creemos que los judíos van a reinstaurar el sistema de sacrificios una vez que el Arca sea revelada

Si creemos en la Palabra de Dios, la única respuesta posible es “no”. Como dijimos anteriormente, Jeremías, quien profetizó durante el tiempo de la desaparición del Arca, escribió:

“En aquellos días, cuando ustedes se hayan multiplicado y sean numerosos en el país, ya no se dirá más: Arca del *pacto del Señor. Nadie pensará más en ella ni la recordará; nadie la echará de menos ni volverá a fabricarla afirma el Señor” JER 3:16

El Señor le estaba diciendo a los judíos que si regresaban a él, haría cosas maravillosas por ellos. Pero al ser una profecía condicional, esto nunca sucedió. Sin embargo, el versículo que leímos tenía como objetivo dejarles saber que llegaría el día en que el Mesías moriría por ellos, cesarían todos los sacrificios y ellos serían una luz para el mundo. El hecho de que ellos rechazaron como pueblo el llamado de Dios y apostataron, no cambia el hecho de que llegaría un día en que los sacrificios dirigidos a él serían una abominación.

“Pero los que sacrifican toros son como los que matan *hombres; los que ofrecen corderos son como los que desnucan perros; los que presentan ofrendas de grano son como los que ofrecen sangre de cerdo, y los que queman ofrendas de incienso son como los que adoran ídolos. Ellos han escogido sus propios caminos, y se deleitan en sus abominaciones.” (Isa. 66:3)

Este versículo de Jeremías indica que Dios nunca regresaría el Arca a los judíos con este propósito. Pero aparte de esto, cuando los judíos fueron llevados cautivos a Babilonia y el templo fue destruido, Dios habló mediante su profeta Ezequiel, dándoles nuevas instrucciones sobre el sistema de sacrificios. Estas no incluían el Arca del Pacto. (Ver Ezequiel 44 al 46).

Al regresar del cautiverio, continuaron el sistema de sacrificios como Dios se los había indicado, pero sin el Arca. Durante el tiempo de Cristo, aún se practicaba el sistema de sacrificios sin el Arca. No había razón para que ellos requirieran del Arca para cumplir con el sistema de sacrificios. Lo único que necesitaban era la mesa “delante del Señor” según se instruía en Ezequiel 41:22.

Recordemos que Satanás fue alguna vez el querubín protector y que vivía en la presencia de Dios. Él conoce la verdad, sabe lo que está pasando y su propósito es destruir la verdad divina. Él inspira a los hombres con ideas y teorías que echan por tierra las verdades sagradas y que engañan a muchos. Incluso para los verdaderos creyentes, la única salvaguarda está en su Santa Palabra. Creemos que muchas iglesias han aplicado a los judíos literales algunas profecías que se refieren a Israel , cuando en realidad éstas se refieren es al “pueblo de Dios”.

“Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa” (Gál. 3:29).

Como resultado, muchas profecías que se refieren a los acontecimientos que ocurrirán después de la segunda venida de Cristo son malinterpretados como acontecimientos que ocurren después de su primer advenimiento (y por consiguiente anteriores a su regreso).

Última actualización (sábado 16 de abril de 2005).

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